Resumen Clínico del Capítulo
Síntesis académica, metodología diagnóstica y recomendaciones quirúrgicasLos defectos del tubo neural (DTN) resultan del fallo en el cierre embrionario del tubo neural durante la tercera y cuarta semanas de gestación, abarcando malformaciones craneales y espinales con diversos grados de compromiso neurológico, urológico y ortopédico. Dentro de este espectro, el disrafismo espinal designa las anomalías congénitas de la línea media dorsal que comprometen piel, musculatura paravertebral, arcos vertebrales, meninges y tejido neuroectodérmico; mientras que el término espina bífida, en sentido estricto, describe el defecto de fusión ósea de los elementos posteriores. El capítulo diferencia las formas abiertas (espina bífida abierta, mielomeningocele, raquisquisis)—originadas por interrupción de la neurulación primaria con placoda neural expuesta al líquido amniótico—de las formas cerradas (espina bífida oculta, lipomielomeningocele, seno dérmico dorsal, diastematomielia, filum terminale engrosado)—asociadas a fallas de la neurulación secundaria o disyunción prematura y caracterizadas por médula anclada (síndrome de médula anclada). La etiología es multifactorial, integrando susceptibilidad genética (variantes de enzimas del metabolismo del folato como MTHFR), deficiencias nutricionales maternas (ácido fólico, inositol, vitamina B12), comorbilidades maternas (diabetes mellitus, obesidad), fármacos teratógenos (ácido valproico, carbamazepina) y factores ambientales. El manejo abarca la prevención preconcepcional con ácido fólico, el tamizaje prenatal (alfafetoproteína y ecografía), la cirugía fetal intrauterina y la reconstrucción posnatal con seguimiento multidisciplinario.
Presentar la embriología y la clasificación de los defectos del tubo neural, diferenciando la neurulación primaria de la secundaria y las formas abiertas de las cerradas. Al finalizar, el lector deberá reconocer los factores de riesgo nutricionales, genéticos, metabólicos, farmacológicos y ambientales; comprender las estrategias preventivas y modalidades de tratamiento prenatal y posnatal; e identificar las manifestaciones clínicas, el síndrome de médula anclada y los requerimientos de seguimiento multidisciplinario en la infancia y la vida adulta.
La neurulación primaria (días 18 a 28) origina el encéfalo y la médula espinal hasta el nivel sacro superior (S1–S2): la placa neural prolifera, se invagina formando los pliegues neurales y se fusiona bidireccionalmente, cerrando el neuroporo anterior en el día 25 y el posterior en el día 28. La falla en este proceso genera DTN abiertos con exposición de tejido neural. La neurulación secundaria (días 28 a 48) forma los segmentos sacrococcígeos inferiores mediante cavitación y canalización de la masa celular caudal, seguida de diferenciación regresiva en cono medular, ventrículo terminal y filum terminale. Sus alteraciones causan disrafismos cerrados y anclaje medular.
Los DTN abiertos (espina bífida abierta) presentan tejido neural expuesto sin cobertura cutánea y con fístula de LCR; el mielomeningocele (MMC, 98% de las formas abiertas) consiste en una bolsa quística con elementos neurales herniados, acompañada casi universalmente de malformación de Chiari II, hidrocefalia, paraparesia de extremidades inferiores y vejiga neurogénica. Los disrafismos cerrados presentan piel íntegra suprayacente y se dividen en: 1) Con masa subcutánea: lipomielomeningocele, lipomielocele, meningocele y mielocistocele; y 2) Sin masa subcutánea: diastematomielia (médula hendida tipo I con espolón óseo/cartilaginoso y tipo II con tabique fibroso), seno dérmico dorsal, síndrome de regresión caudal y filum terminale tenso/engrosado.
Los disrafismos cerrados frecuentemente se acompañan de estigmas cutáneos en la línea media lumbosacra: hipertricosis (cola de fauno), lipoma subcutáneo, hoyuelo sacro profundo (>5 mm o >2,5 cm del margen anal), hemangiomas, fosa del seno dérmico o aplasia cutis. El síndrome de médula anclada ocurre cuando estructuras inelásticas (lipoma, filum engrosado >2 mm, espolón óseo) fijan el cono medular por debajo de L2, provocando tracción mecánica e isquemia medular durante el crecimiento esquelético. Cursa con debilidad progresiva en extremidades inferiores, alteración de la marcha, deformidades podálicas (pie cavo, equinovaro), dolor lumbar/ciático, escoliosis progresiva e incontinencia de esfínteres.
El origen resulta de la interacción de factores genéticos y ambientales. Mutaciones en la vía del folato (MTHFR C677T) se asocian a mayor susceptibilidad. La diabetes materna preconcepcional eleva el riesgo de 2 a 4 veces, la obesidad materna de 1,5 a 3 veces, y el uso de ácido valproico confiere un riesgo de 1–2% de mielomeningocele. La suplementación periconcepcional con ácido fólico (0,4 mg/día en población general y 4,0–5,0 mg/día en mujeres con antecedentes o alto riesgo, iniciada 1–3 meses antes del embarazo y mantenida en el primer trimestre) previene hasta el 70% de los defectos del tubo neural.
El diagnóstico prenatal combina alfafetoproteína sérica materna, ecografía de alta resolución (signo del limón, signo de la banana, ventriculomegalia) y RM fetal. El estudio multicéntrico MOMS demostró que la corrección quirúrgica intrauterina antes de la semana 26 de gestación disminuye significativamente la necesidad de derivación por hidrocefalia, mejora el pronóstico motor y revierte la herniación rombencefálica (Chiari II) frente al reparo posnatal. En recién nacidos no operados in útero, el cierre hermético por planos dentro de las primeras 24–48 horas previene la meningitis bacteriana ascendente. El seguimiento a largo plazo requiere vigilancia de hidrocefalia, cateterismo vesical intermitente por vejiga neurogénica y corrección de deformidades ortopédicas.
La evaluación neonatal comienza determinando si la lesión es abierta o cerrada. En el mielomeningocele abierto, mantenga al neonato en decúbito prono con gasas tibias estériles con suero fisiológico sobre la placoda, evite el contacto con látex, inicie antibioticoterapia y realice el cierre quirúrgico hermético dentro de las 24–48 horas. En lactantes con estigmas cutáneos en la línea media (hipertricosis, lipoma, hoyuelo profundo), es mandatario solicitar ecografía raquídea (<3–4 meses de vida) o RM para descartar disrafismo oculto y anclaje del cono medular antes de que se establezcan déficits neurológicos irreversibles. En niños con deformidad progresiva del pie (pie cavo), dolor lumbar, escoliosis de inicio reciente o deterioro esfinteriano, la RM de columna completa confirma el anclaje medular, la diastematomielia o la siringomielia. La liberación quirúrgica del anclaje (sección del filum terminale o resección del espolón óseo) previene el deterioro funcional permanente.
