Resumen Clínico del Capítulo
Síntesis académica, metodología diagnóstica y recomendaciones quirúrgicasLa cifosis forma parte de la alineación anatómica normal de la columna vertebral, pero se convierte en patológica cuando la curvatura sagital se altera de forma incompatible con el equilibrio global, la función o la seguridad neurológica. Su interpretación clínica exige distinguir la cifosis fisiológica de la hipercifosis estructural y comprender que curvas con igual valor angular pueden presentar morfología, extensión, rigidez y repercusiones clínicas completamente diferentes. Además, los mecanismos de compensación en la columna cervical, lordosis lumbar, pelvis y miembros inferiores pueden enmascarar la magnitud del colapso sagital. El capítulo revisa un amplio espectro etiológico: cifosis postural, enfermedad de Scheuermann, malformaciones congénitas, deformidades iatrogénicas tras laminectomías, espondilitis anquilosante, trastornos metabólicos y displasias esqueléticas. En todos los casos, el análisis debe integrar la columna anterior, las estructuras de soporte posterior, el canal raquídeo y el balance sagital global. La decisión terapéutica depende de la combinación entre etiología, velocidad de progresión, rigidez, síntomas, neurología y equilibrio espinopélvico.
Presentar los conceptos fundamentales del alineamiento sagital y demostrar cómo diferentes patologías producen deformidad cifótica. El lector aprenderá a realizar una evaluación clínica y radiológica rigurosa, reconocer las características de las principales etiologías, distinguir deformidades flexibles de estructuradas y comprender los principios que orientan la observación, el tratamiento ortésico, las osteotomías de columna posterior (Ponte), las osteotomías de sustracción pedicular (PSO), las resecciones vertebrales (VCR) y la descompresión neural.
La columna normal presenta curvaturas sagitales recíprocas que se desarrollan progresivamente desde el nacimiento y actúan coordinadamente con la pelvis (Figuras 1 y 2). La evaluación de una cifosis no debe limitarse al segmento afectado: las compensaciones cervicales y lumbares mantienen temporalmente el tronco equilibrado. La Figura 3 distingue la segmentación anatómica de la funcional, mientras que la Figura 4 demuestra que dos cifosis de igual ángulo de Cobb pueden tener longitudes de arco y comportamientos biomecánicos radicalmente distintos.
La deformidad aparece por colapso de las estructuras anteriores bajo compresión, insuficiencia de las estructuras posteriores que resisten la tensión o daño circunferencial combinado. Al desplazarse la línea de gravedad hacia adelante, el momento flector flexor aumenta mecánicamente, acelerando la progresión. El principio de reconstrucción radica en restaurar el soporte anterior y la banda de tensión posterior preservando la permeabilidad del canal medular. Las osteotomías y resecciones posteriores modernas permiten la corrección por vía posterior única (Figuras 6 a 8).
La cifosis postural es flexible, carece de acuñamiento vertebral estructural y se corrige con fisioterapia y reeducación postural; la cirugía está contraindicada. La enfermedad de Scheuermann es una deformidad estructural con acuñamiento vertebral anterior (≥5° en ≥3 vértebras contiguas), irregularidades en los platillos y nódulos de Schmorl (Figuras 10 a 13). La mayoría se maneja con tratamiento conservador (corsé ortopédico). En curvas progresivas y rígidas (>70-75°) con dolor refractario, la artrodesis posterior instrumentada asociada a osteotomías de Ponte restablece el alineamiento (Figuras 14 a 17).
Las malformaciones congénitas se dividen en fallas de formación, de segmentación o patrones mixtos (Figuras 18 a 20). La historia natural es agresiva, especialmente en fallas de formación Tipo I, con alto riesgo de paraparesia progresiva. En niños pequeños, la artrodesis precoz corta detiene la deformidad; en formas tardías y rígidas se precisan osteotomías de tres columnas o vertebrectomías (Figuras 21 a 23).
La cifosis iatrogénica resulta de la pérdida de estabilizadores posteriores sin soporte reconstructivo tras laminectomías (Figuras 24 a 27). El capítulo analiza también deformidades en espondilitis anquilosante ('deformidad mentón-esternón'), acondroplasia, neurofibromatosis tipo 1 y displasias esqueléticas (Figuras 28 a 35).
En la práctica, el primer paso es definir si la cifosis es una variante postural flexible o una deformidad estructural. El examen físico valora la postura espontánea, la autocorrección activa en hiperextensión prono, la retracción de isquiotibiales y los reflejos medulares. Las radiografías panorámicas de columna completa en bipedestación deben mostrar la alineación desde el occipucio hasta las cabezas femorales. Las radiografías dinámicas en hiperextensión sobre rodillo diferencian curvas móviles de rígidas. La TC y la RM valoran anquilosis ósea, morfología del canal y compresión medular sobre el ápice cifótico. La actitud postural exige únicamente fisioterapia. En Scheuermann, los corsés son eficaces durante el crecimiento (Risser 0-2), reservando la cirugía para curvas graves (>70-75°) instrumentando hasta la vértebra sagital estable para evitar la cifosis de la unión distal (DJK). En la cifosis congénita, la conducta es proactiva: la artrodesis posterior precoz en el lactante evita una deformidad catastrófica con riesgo parapléjico. En la espondilitis anquilosante o en el síndrome de espalda plana severo, osteotomías pediculares de sustracción (PSO) en L2 o L3 restauran la lordosis lumbar y el campo visual horizontal.
