Resumen Clínico del Capítulo
Síntesis académica, metodología diagnóstica y recomendaciones quirúrgicasLa mielopatía cervical degenerativa (MCD) representa la principal causa de disfunción medular no traumática en el adulto. La degeneración discal, los osteofitos espondilóticos, la hipertrofia facetaria y del ligamento amarillo, la inestabilidad y la osificación del ligamento longitudinal posterior (OLLP) reducen el canal medular. Su fisiopatología combina compresión estática, sobrecarga dinámica en flexión-extensión e isquemia microvascular medular. El diagnóstico suele retrasarse porque los síntomas iniciales —pérdida de destreza en manos, torpeza para abotonarse, parestesias o marcha espástica sutil— se atribuyen al envejecimiento o a neuropatías. La resonancia magnética (RM) confirma la compresión medular y los cambios de señal intramedulares, mientras que la TC evalúa con precisión la OLLP. Escalas funcionales validadas (mJOA, Nurick) estratifican la severidad. El tratamiento depende de la gravedad y progresión de la mielopatía, número de niveles, alineamiento sagital (lordosis vs cifosis) y morfología de la OLLP.
Comprender la fisiopatología y presentación de la MCD, reconocer precozmente el síndrome medular, aplicar escalas clínicas (mJOA, Nurick) y métodos de imagen, dominar la clasificación de la OLLP y el concepto de K-line, y seleccionar abordajes anterior, posterior o combinado según la compresión, extensión y alineamiento sagital.
La fisiopatología integra estenosis estática estructural, sobrecarga dinámica repetitiva por movimientos cervicales y daño isquémico secundario. Este modelo explica por qué una sola imagen de RM en reposo no refleja toda la repercusión funcional sobre la médula.
Pérdida de destreza manual, cambios en la caligrafía, torpeza al abotonarse, marcha inestable, hiperreflexia, signo de Hoffmann y clonus son signos cardinales. Las escalas mJOA y Nurick (Tablas 48.1 y 48.2) cuantifican la severidad y guían el seguimiento (Figura 48.4).
La OLLP presenta patrones continuo, segmentario, mixto y focal (Figura 48.1) y se asocia a osificación dural ('signo de doble capa', Figura 48.2). El concepto de K-line (Figura 48.3) integra el alineamiento y el grosor de la osificación para predecir si la descompresión posterior indirecta permitirá la migración dorsal de la médula.
Las radiografías evalúan lordosis y movilidad. La TC detalla la anatomía ósea y la OLLP. La RM confirma la compresión medular y el edema en T2. La RM dinámica en flexión-extensión (Figura 48.10) puede revelar compresiones posturales no visibles en la adquisición neutra.
La mielopatía moderada a severa (mJOA < 15) y el deterioro progresivo exigen descompresión quirúrgica. Casos leves seleccionados pueden vigilarse. La vía anterior (ACDF, corpectomía), la laminoplastia expansiva y la laminectomía con fusión posterior tienen indicaciones precisas. El alineamiento sagital, la localización de la compresión y el estado de la K-line determinan el corredor ideal.
En la práctica clínica, un paciente que deja caer objetos, cambia su caligrafía o presenta torpeza en la marcha debe evaluarse de inmediato para descartar MCD, aun sin dolor cervical intenso. La RM confirma la compresión y la hiperintensidad en T2; la TC es obligatoria si se sospecha OLLP para mapear la osificación dural y prevenir fístulas de LCR. Al elegir entre abordaje anterior o posterior, el alineamiento sagital es determinante: la laminoplastia o laminectomía con fusión exige lordosis cervical conservada y K-line positiva para permitir la migración posterior de la médula. En presencia de cifosis o K-line negativa, la médula permanece apoyada contra los picos óseos anteriores tras una descompresión posterior, requiriendo corpectomía anterior o reconstrucciones circunferenciales.
